Diálogos Gastronómicos Yo lo probé

Valle García, la mirada que transforma la tierra en parte de la experiencia gastronómica

Conocí a Valle hace ya unos cuantos años. Desde entonces hemos tenido la oportunidad de compartir algo más que conversaciones sobre cerámica y gastronomía: también momentos en familia, junto a su hija Lía, Andrés Madrigal y los míos. Esa cercanía me permitió descubrir una cualidad esencial para comprender su trabajo. Valle observa. Observa mucho y, sobre todo, observa bien.

Es una mujer creativa, naturalmente, pero la creatividad rara vez aparece por generación espontánea. Primero exige detenerse, prestar atención y descubrir aquello que los demás pasan por alto. Créanme, Valle posee esa capacidad. Está pendiente de cuanto sucede a su alrededor, de los gestos, de los materiales, de la luz, de las formas y, probablemente, también de los silencios.

Esa manera de mirar termina apareciendo en todo lo que hace. Se reconoce en sus piezas, en su relación con la tierra y en la sensibilidad con la que interpreta la cocina de otros. En esta entrevista intentaré acercarles a la mujer que existe detrás de Historias de Tierra y comprender cómo su mirada ha conseguido transformar el barro en una parte esencial de la experiencia gastronómica.

@v_historiasdetierra

CanariasGourmet! — Antes de Historias de Tierra, ¿quién era Valle García y qué tuvo que ocurrir para que decidieras convertir el barro en una forma de vida?

Valle García. – Antes de Historias de Tierra estaba, sobre todo, una artista buscando su propio lenguaje, pero también una mujer con una trayectoria muy vinculada al mundo de la gastronomía. Durante años trabajé en la dirección y gerencia de restaurantes, coordinando equipos y viviendo muy de cerca el ritmo, las necesidades y las exigencias de una cocina profesional.

Esa experiencia me permitió entender algo que después sería fundamental en mi trabajo: detrás de cada plato hay mucho más que una elaboración; hay una forma de trabajar, un tiempo de servicio, un equipo y una experiencia que se quiere transmitir al comensal.

Mi proximidad profesional y personal con el cocinero Andrés Madrigal fue también determinante. Estar cerca de su manera de entender la cocina y de su sensibilidad hacia el producto despertó en mí una curiosidad cada vez mayor por el objeto que sostiene y acompaña esa experiencia. Empecé a mirar la vajilla de otra manera, no como un simple soporte, sino como parte de la propia narrativa gastronómica.

Valle

Yo venía de Bellas Artes y de la escultura, pero encontré en la cerámica utilitaria un territorio en el que podía unir muchas de las cosas que ya formaban parte de mí: la materia, la forma, el diseño, la artesanía y, sobre todo, el diálogo con la gastronomía.

Así fue como el barro empezó a convertirse en una forma de vida. No fue tanto una decisión repentina como el encuentro de dos mundos que ya estaban dentro de mí: el de la creación y el de la cocina. Historias de Tierra nace precisamente de ese cruce.

CanariasGourmet! — Has vivido en Panamá, México y Holanda antes de establecer tu taller en Asturias. ¿Qué permanece de esos lugares en tu manera de trabajar y de mirar la tierra?

Valle García. – Viajar y vivir en otros lugares te cambia la mirada, aunque muchas veces no seas consciente de ello hasta mucho después. Panamá, México y Holanda son territorios muy diferentes entre sí y cada uno me dejó una manera distinta de observar. México, especialmente, me acercó a una relación con la materia y con lo artesanal que forma parte de la vida cotidiana de una manera muy profunda. Holanda me aportó otra sensibilidad hacia el diseño, la sencillez y el espacio.

Y después está Asturias, que probablemente sea el lugar que más ha terminado impregnando mi trabajo. Aquí la tierra, la humedad, el paisaje, el mar, la piedra, los verdes, los grises… están constantemente presentes.

Creo que todo aquello que he vivido sigue ahí, pero filtrado por el lugar en el que ahora estoy. Al final, también trabajamos con nuestra memoria.

CanariasGourmet! — ¿Recuerdas la primera vez que un cocinero te pidió una vajilla y comprendiste que una pieza destinada a un restaurante debía resolver problemas muy distintos a los de una obra artística?

Valle García. – Sí, porque fue un cambio importante en mi manera de entender la cerámica. Una pieza artística puede permitirse ser incómoda, delicada o incluso imprevisible. En un restaurante no. Allí la pieza tiene que formar parte de un sistema mucho más complejo: tiene que poder manipularse, limpiarse, apilarse, resistir un servicio intenso y, sobre todo, tiene que acompañar al plato sin competir con él.

Valle

Descubrí que diseñar vajilla para un cocinero no significa simplemente hacer un plato bonito. Significa entender cómo va a vivir esa pieza en una mesa, en las manos del camarero y del comensal, y también cómo va a dialogar con una elaboración gastronómica. Para mí fue muy interesante porque no abandonaba mi mirada artística; simplemente tenía que ponerla al servicio de una experiencia diferente.

CanariasGourmet! — ¿Cómo comienza realmente un encargo? ¿El cocinero llega hablando de formas y colores o primero debe contarte cómo es su cocina y qué quiere provocar en el comensal?

Valle García. –Para mí empieza escuchando. Me interesa mucho más que un cocinero me cuente cómo cocina, qué producto trabaja, qué quiere transmitir y cómo imagina la experiencia del comensal que empezar hablando directamente de colores o formas.

La vajilla tiene que nacer de esa conversación. A veces aparece una forma que no habíamos imaginado, otras veces es una textura, un gesto, una manera de presentar un producto.

Me gusta que exista un diálogo y que el resultado no sea completamente mío ni completamente del cocinero. Lo interesante está precisamente en ese espacio intermedio que construimos juntos.

CanariasGourmet! — Cuando creaste alrededor de 500 piezas para Per Se Bistró, ¿qué te pidió Andrés Madrigal y qué parte de aquella vajilla nació exclusivamente de tu mirada?

Valle García. – Fueron alrededor de 1.000 piezas, y recuerdo aquel proyecto como una de las colaboraciones más estimulantes de mi trayectoria. Con Andrés Madrigal no sentí que estuviera simplemente diseñando una vajilla para un restaurante; estábamos creando un concepto.

Andrés tiene algo de genio creador, una capacidad extraordinaria para imaginar la cocina desde lugares inesperados, con humor, libertad y una enorme sensibilidad. Trabajar cerca de esa energía fue muy inspirador para mí. La combinación entre su universo gastronómico y mi manera de entender la materia funcionó de una forma muy natural.

Creamos piezas con toques divertidos, algunas con formas deliberadamente desafiantes, que obligaban a mirar el plato de otra manera. También jugamos con el cambio entre el día y la noche, buscando que el espacio y la experiencia se transformaran con la luz.

Y hubo un elemento que para mí fue especialmente importante: las lámparas que diseñamos a juego y que acompañaban las mesas. La cerámica no terminaba en el plato; se extendía hacia el espacio, hacia la luz y hacia la atmósfera del restaurante.

Por eso creo que más que una vajilla creamos un pequeño universo. Andrés puso sobre la mesa su imaginación gastronómica y yo aporté mi manera de entender la forma, la materia y el espacio. Y cuando dos lenguajes creativos encuentran ese punto de conexión, el resultado deja de ser simplemente funcional para convertirse en una experiencia.

CanariasGourmet! — ¿Hasta dónde debe escuchar una ceramista al cocinero y en qué momento tiene que decirle que aquello que imagina no funcionará en una mesa o durante un servicio?

Valle García. – Hay que escuchar mucho al cocinero, pero también hay que saber cuándo decir que no. Y esto último, curiosamente, también forma parte de mi trabajo.

A veces me llegan propuestas muy condicionadas por una tendencia: una forma que se está viendo mucho, una textura que funciona en Instagram o ese tipo de vajilla que parece imprescindible porque la lleva tal restaurante. Y ahí es donde prefiero abrir el melón: apuntarse a una moda que no se comprende no aporta valor a una vajilla personalizada.

Algún trabajo he rechazado precisamente por eso. Si la pieza no nace de una conversación real sobre la cocina, el producto, el espacio y la experiencia que se quiere provocar, siento que estamos haciendo simplemente postureo cerámico. Y para eso, sinceramente, no me interesa trabajar.

Una vajilla personalizada debería aportar algo que no puede aportar una vajilla de catálogo: identidad. Tiene que contar algo del cocinero, de su cocina y de su manera de entender al comensal. Por supuesto, también hay que saber aterrizar las ideas. Si una pieza es incómoda, demasiado pesada, difícil de apilar o inviable durante un servicio, tengo que decirlo. Pero no para cortar la creatividad, sino para buscar otra solución.

Para mí la mejor colaboración sucede cuando el cocinero puede imaginar sin límites y la ceramista sabe traducir esa imaginación a algo que, además de sorprender, funcione. Porque una vajilla con personalidad no necesita seguir una tendencia. Necesita tener una razón de ser.

CanariasGourmet! — Un plato puede ser bellísimo y fracasar en el restaurante. ¿Qué exigencias técnicas determinan el peso, el borde, la profundidad, la textura o la temperatura de una pieza?

Valle García. – Precisamente por eso. Una pieza puede ser preciosa y, sin embargo, ser un desastre en un servicio. Para mí, el diseño empieza mucho antes de decidir si un plato va a ser redondo, profundo o irregular. Primero necesito saber cómo va a vivir esa pieza: qué va a contener, cómo se va a servir, cómo la va a coger el camarero, cómo se va a apilar, cómo se va a lavar y, sobre todo, cómo va a llegar a las manos del comensal.

El peso es importante porque una pieza que resulta espectacular en una fotografía puede convertirse en un problema cuando tienes que manipularla durante horas. El borde tiene que responder al tipo de elaboración y al gesto de comer. La profundidad tiene que estar pensada para el alimento, la textura debe ser bella pero también razonable en términos de limpieza y uso, y la temperatura y el comportamiento de la pasta tienen muchísimo que ver con cómo va a funcionar la pieza en el día a día.

Hay una parte de mi trabajo que quizá no se ve: poner límites a la creatividad para que la creatividad pueda funcionar.

Y eso enlaza mucho con lo que decía antes. Cuando una forma nace de una conversación con el cocinero, de entender su cocina y sus necesidades, podemos permitirnos ser mucho más atrevidos. En cambio, cuando la forma nace simplemente de «esto se lleva» o «esto queda bien en Instagram», es fácil terminar haciendo una pieza que tiene mucha foto y poca mesa.

Yo no quiero que una vajilla sea solamente fotogénica. Quiero que tenga sentido en las manos, en el servicio y en la experiencia del que se sienta a comer. Al final, la verdadera sofisticación está en conseguir que todo parezca sencillo cuando detrás hay muchas decisiones bien pensadas.

CanariasGourmet! — La cerámica artesanal acepta que ninguna pieza sea exactamente igual a otra, mientras que un restaurante necesita consistencia. ¿Cómo resuelves esa tensión sin convertir lo hecho a mano en una imitación de lo industrial?

Valle García. – Creo que la clave está en entender que consistencia no significa que todo tenga que ser idéntico. Cuando trabajo para un restaurante necesito que las piezas pertenezcan a una misma familia: que compartan unas proporciones, un peso, un lenguaje y una manera de comportarse en la mesa. Pero dentro de esos límites me gusta que la mano siga teniendo libertad.

Una pieza artesanal tiene algo que una pieza industrial no puede reproducir del todo: una pequeña variación, una curva que no es exactamente igual, una textura que el fuego transforma de una manera ligeramente distinta. Esas diferencias no son un defecto; son parte de su identidad.

Me gusta pensar que una vajilla artesanal debe parecerse más a una familia que a un ejército. Todos se reconocen entre sí, pero ninguno es exactamente igual.

Además, creo que ahí está una parte importante del valor que un restaurante busca cuando decide trabajar con un ceramista. No se trata solamente de tener una vajilla exclusiva, sino de incorporar a la mesa algo que conserva una huella humana. El reto está en encontrar ese punto de equilibrio: suficiente precisión para que el servicio funcione y suficiente libertad para que la cerámica siga respirando.

Si al final consigo que cien piezas dialoguen entre ellas sin parecer cien copias, siento que la artesanía ha ganado la partida.

CanariasGourmet! — La alta gastronomía habla mucho de exclusividad, pero menos de costes, roturas y reposiciones. ¿Puede un taller artesanal crecer sin traicionar sus tiempos ni convertirse en una pequeña fábrica?

Valle García. – Y precisamente ahí aparece la parte menos romántica de la artesanía: los números, los tiempos, las roturas y las reposiciones. Pero también hay un tópico que me gustaría desmontar: una vajilla artesanal no tiene por qué ser necesariamente más cara que una vajilla industrial de alta gama.

El lujo, para mí, está en otra parte. Está en poder diseñar una pieza desde cero, pensarla para una cocina concreta, probarla, modificarla y finalmente producirla a mano. Ese tiempo de creación y de diseño también forma parte del valor del proyecto, aunque económicamente no tenga por qué suponer una diferencia enorme.

Creo que muchas veces se trata simplemente de encontrar a tu ceramista y establecer una relación de confianza. Entender que una pieza hecha a mano necesita unos tiempos de producción determinados y que, si no trabajamos con la presión de «lo necesito mañana», podemos conseguir resultados mucho más interesantes.

Y eso también permite que un taller artesanal crezca sin convertirse en una fábrica. No necesito hacer miles de piezas al mes; necesito hacer proyectos que tengan sentido, planificarlos bien y mantener la calidad y la identidad de lo que hago.

Además, las roturas y las reposiciones forman parte de la vida de una vajilla. Una buena relación con un restaurante continúa después de la primera entrega: poder reponer, mantener una colección y seguir produciendo piezas que dialoguen con las anteriores es también parte del compromiso.

Al final, creo que el verdadero lujo contemporáneo tiene mucho que ver con algo que hemos olvidado: darle tiempo a las cosas. Y cuando un restaurante entiende eso y el ceramista encuentra la manera de responder a sus necesidades, la relación deja de ser simplemente comercial y se convierte en una colaboración a largo plazo.

CanariasGourmet! — Hoy existen platos concebidos para funcionar mejor en Instagram que en la mesa. ¿Crees que también se está diseñando vajilla para la fotografía antes que para mejorar la experiencia de comer?

Valle García. –Sí. Y creo que es un melón que hay que abrir. Vivimos en una época en la que un plato tiene que funcionar en la mesa, pero también tiene que funcionar en una pantalla. El problema aparece cuando invertimos el orden de las cosas y empezamos a diseñar pensando primero en la fotografía.

Hay vajillas que son maravillosas para Instagram y bastante poco amables para comer. Formas imposibles, platos enormes, piezas incómodas de coger… todo muy espectacular en una fotografía y, después, el comensal preguntándose cómo demonios se supone que tiene que comerse aquello.

Y esto enlaza con lo que decía antes sobre las modas. Cuando una tendencia se convierte en una fórmula que todo el mundo repite, pierde precisamente aquello que debería aportar una vajilla personalizada: identidad.

Lo que más feliz me hace es saber que cuando el plato llega a la mesa hace que el cocinero diga: «esto es exactamente lo que necesitaba».

Además, hay algo que me preocupa especialmente: que confundamos impacto visual con valor añadido. Una vajilla artesanal tiene la capacidad de aportar muchísimo más que una imagen bonita. Puede hablar de un territorio, de una cocina, de un producto, de una forma de entender el servicio. Puede crear una atmósfera y formar parte de la experiencia.

Si todo eso desaparece porque estamos diseñando para conseguir un «me gusta», nos hemos quedado con la carcasa.

Así que sí: creo que hay demasiada «vajilla de Instagram». Y personalmente prefiero hacer vajilla de mesa que, si tiene suerte, también dé ganas de fotografiarla. Porque al final, por muy bonita que sea la foto, la vajilla no se come en Instagram.

CanariasGourmet! — Canarias posee una identidad marcada por el origen volcánico, las cenizas, los minerales y una gama de colores muy particular. Si tuvieras que crear una colección vinculada al Archipiélago, ¿por dónde comenzarías?

Valle García. – Comenzaría por la tierra y seguiría por la cocina. Para mí sería una fantasía trabajar con una tierra tan primitiva, tan ligada al fuego y a la formación del territorio. Pensar en los minerales volcánicos, en las cenizas, en esas arenas limpias, en las piedras negras, en los tonos que aparecen entre el basalto, el mar y la luz… Todo eso tiene una fuerza enorme.

Por otro lado, me fascina la cocina canaria que habla de guisos, de fondos, de salsas, de productos que necesitan profundidad y un recipiente que los acompañe. Hay algo muy sensual en una mesa canaria cuando aparecen esos platos: el caldo, la salsa, el color, el aroma… Son elaboraciones que permiten que la vajilla participe de verdad en la experiencia.

Y volvería a lo que hablábamos antes: no me interesaría hacer una colección «canaria» porque tenga determinados colores o porque reproduzca una forma reconocible. Querría que la materia y la cocina fueran las que hicieran aparecer Canarias.

Imagino una colección oscura y luminosa a la vez. Con el fuego del volcán y la transparencia del Atlántico. Con la fuerza mineral de la tierra y la delicadeza de la arena.

CanariasGourmet! — Gracias, Valle, por una conversación tan generosa y sincera. Ojalá muy pronto podamos sentarnos a una mesa y descubrir tu primera vajilla creada para Canarias.

José Garavito

José Garavito

About Author

José Garavito, con la profesión de Publicista que bien le hace mérito en cada uno de sus proyectos y Editor de diferentes medios de comunicación alrededor del mundo dedicados al turismo y la gastronomía; se afinca en España hace 20 años, desde entonces; ha apostado por la tierra se sus hijos "Canarias", territorio al que ha revalorizado en más de 50 eventos gastronómicos. Actualmente continúa siendo el Productor General de Canariasgourmet!, el primer periódico especializado que vieron nuestras islas; así como todo lo que se cuece en una plataforma especializada que sucumbe por Cielo, Mar y Tierra.

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