El próximo 15 de agosto, el histórico restaurante de Tegueste celebrará la segunda edición de un festival donde la cocina, la música y la amistad compartirán protagonismo. No será un encuentro abierto al público: para participar será necesario llegar recomendado por alguien que ya haya vivido la experiencia.
A Carlos Gamonal nunca le han interesado demasiado las celebraciones previsibles. Quienes lo conocemos sabemos que su manera de reunir a la gente se parece bastante a su cocina: generosa, inquieta, algo irreverente y difícil de encerrar dentro de una fórmula exacta. En sus mesas siempre termina ocurriendo algo que no figuraba en el programa, porque él siempre deja espacio no para el postre, sino para una buena idea.
Mesón El Drago volverá a convertirse en el escenario de Malackumbala, la segunda edición de ese “pequeño gran bebé festival” que Carlos y su equipo hicieron nacer como una celebración de la amistad, la música, la gastronomía y, en definitiva, del simple privilegio de seguir compartiendo la vida.

La cita tendrá lugar en la histórica casa canaria en Tegueste, donde Mesón El Drago cumple este año cuatro décadas de trayectoria. Un aniversario que encuentra a los Gamonal haciendo lo que siempre han sabido hacer: cocinar, recibir y convertir la hospitalidad en algo que trasciende el servicio de una mesa, por que todo el equipo del restaurante es…una verdadera familia.
Un festival con el temperamento de Carlos Gamonal
Malackumbala no pretende parecerse a un festival convencional. Tampoco podría hacerlo teniendo a Carlos detrás. Su nombre resume el espíritu que quiere acompañar esta segunda edición: en el lenguaje particular del encuentro, Malackumbala representa a quien acompaña, a quien ofrece la mano y camina junto a otro desde la confianza.
Esa idea marcará una jornada concebida para dejarse llevar. Habrá música que no pedirá permiso, voces dispuestas a ocupar el escenario, cocina, copas y diferentes espacios para conversar, bailar o, sencillamente, permitir que la tarde avance sin mirar demasiado el reloj; seguro que será lo más cercano a lo que hayas imaginado de un día para ser feliz.
La gastronomía tendrá, naturalmente, un lugar central. En Mesón El Drago sería imposible entender una celebración sin comida, aunque esta vez la mesa formará parte de una experiencia más amplia. Este cocinero no concibe la cocina como un elemento aislado: para él también importan el ambiente, la compañía, el ritmo con el que llega cada plato y ese momento imprevisible en el que un almuerzo deja de ser únicamente un almuerzo.
Malackumbala nace precisamente de esa manera de entender la hospitalidad. Comer bien, beber, escuchar música y compartir el espacio con personas que han llegado siguiendo una misma cadena de confianza. Una celebración sin demasiadas rigideces, pero con una identidad muy concreta.

Tres formas de vivir Malackumbala
La organización ha planteado diferentes modalidades para participar en esta segunda edición.
La entrada general tendrá un precio de 75 euros. Por 100 euros se podrá disponer de mesa, almuerzo y bebidas. También se habilitarán espacios reservados para quienes prefieran contar con un territorio propio durante la celebración.
El aforo será limitado y las solicitudes de reserva se atenderán hasta completar las plazas disponibles. Sin embargo, Malackumbala no funcionará como un acontecimiento de acceso público convencional.
Para asistir será necesaria la recomendación de alguien que haya participado anteriormente y quiera regresar. Cada invitado podrá acudir acompañado, aunque todos los nombres deberán quedar registrados.
No se trata únicamente de controlar el aforo, sino de conservar la atmósfera con la que nació el encuentro: una comunidad construida a partir de personas que se conocen, se recomienda y se hacen responsables de quienes llegan de su mano.
En tiempos en los que casi todo se anuncia para congregar al mayor número posible de asistentes, Malackumbala elige otro camino. Prefiere crecer por afinidad y mantener el carácter cercano de su primera edición. La exclusividad, en este caso, no depende de una pulsera ni de una zona elevada, sino de la confianza.
El 15 de agosto, la casa de los Gamonal volverá a abrir sus patios y estancias para dejar que la música, la cocina y las conversaciones, las risas y el disfrute hagan el resto. No sabemos exactamente cómo terminará la jornada (es difícil de imaginar). Con Carlos Gamonal de por medio, intentar anticiparlo sería una ingenuidad.
Lo único seguro es que nadie irá a Mesón El Drago para permanecer sentado mirando cómo pasa la fiesta. Malackumbala está pensado para vivirlo desde dentro y, probablemente, para salir de allí con alguna historia que será difícil explicar al día siguiente, así que como en Las Vegas, lo que pasa en Malackumbala se queda en Malackumbala.
