Hablan los expertos, el enólogo palmero Carlos Lozano nos invita a descubrir dos vinos que reflejan la diversidad, la autenticidad y la capacidad de sorprender del viñedo canario y andaluz: Tisalaya de Lanzarote y Patrick Murphy de Santiago Jordi. Ambos proyectos son ejemplos de respeto al terroir, elaboración artesanal y búsqueda de identidad.
Con casi treinta años de trayectoria al frente de Bodegas Llanovid en La Palma, Lozano es una de las figuras más influyentes del panorama vitivinícola canario. Licenciado en Enología y técnico especialista en viticultura, ha sido el director técnico responsable de la evolución de marcas emblemáticas como Teneguía y Llanos Negros, contribuyendo decisivamente al renacimiento y la proyección internacional de los vinos palmeros.

Además, preside la Asociación de Enólogos de Canarias, desde donde impulsa la profesionalización del sector y la recuperación de variedades autóctonas, defendiendo siempre la importancia del origen, la historia y la cultura vitivinícola de las islas.
Convencido de que Canarias merece un lugar entre las grandes regiones vinícolas del mundo, Lozano es un firme defensor de la paciencia y el respeto por el campo como pilares para elaborar grandes vinos. Su trayectoria y visión hacen de sus recomendaciones una referencia imprescindible para quienes buscan autenticidad y excelencia en la copa
Hablan los expertos
Tisalaya de Lanzarote: El Volcán en la Copa
Tisalaya es un vino de autor elaborado por Miguel Morales en el municipio de Tinajo, en Lanzarote, a partir de viñas viejas de la variedad autóctona Diego. Sus parcelas, ubicadas en el entorno del Parque Nacional de Timanfaya y el Parque Natural de Los Volcanes, son un testimonio vivo de la viticultura heroica: cepas de más de 60 años, cultivadas en hoyos excavados en ceniza volcánica, con un clima árido y ventoso que imprime carácter.

La elaboración es tan singular como el paisaje: la uva Diego, de piel gruesa y mosto viscoso, se macera con sus pieles durante 16 horas, fermenta espontáneamente con levaduras autóctonas y permanece al menos nueve meses sobre sus lías.

El resultado es un vino dorado con reflejos verdes, aromas de fruta madura, mantequilla y cítricos, y una boca de acidez vibrante, textura untuosa y recuerdos de fruta blanca y chirimoya. Es un vino de escasa producción, con gran capacidad de guarda, que invita a un encuentro cara a cara con la esencia volcánica de Lanzarote.
Patrick Murphy de Santiago Jordi: La Tradición Renacida en el Marco de Jerez
El proyecto Patrick Murphy, firmado por el enólogo Santiago Jordi, es un homenaje a los vinos de pasto del Marco de Jerez y a la figura histórica del irlandés Patrick Murphy, pionero en la defensa de la crianza en origen. Aquí, Jordi recupera variedades autóctonas como Palomino, Perruno, Cañocazo o Mantúo, elaborando vinos parcelarios en botas usadas, sin fortificar y con crianzas estáticas, como se hacía en el siglo XIX.

Cada vino es único, con una sola añada y una bota dedicada a una persona significativa para el autor. Por ejemplo, el Patrick Murphy Bota M. Lara es un monovarietal de Palomino Fino de viñas octogenarias, criado biológicamente durante 18 meses en bota de fino. En nariz, despliega notas minerales, flores blancas y especias dulces; en boca, es intenso, complejo, largo y mineral, con una acidez perfectamente integrada. Son vinos de producción muy limitada, que reivindican la pureza del terroir de albariza y la expresión más genuina del viñedo jerezano.

Dos Vinos, Dos Mundos
Ambos vinos, aunque de territorios y estilos diferentes, comparten la filosofía de la autenticidad, el respeto al entorno y la búsqueda de la excelencia. Tisalaya es la voz del volcán y la tradición insular; Patrick Murphy, la memoria viva de los vinos de pasto y la innovación en el Marco de Jerez. Dos recomendaciones que, sin duda, merecen un lugar destacado en la copa de cualquier amante del vino inquieto y curioso.


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