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Iván Monreal no llega a este Top Ten desde la teoría, sino desde una carrera forjada entre salas de alta cocina europeas, campeonatos de sumillería y un regreso consciente a Canarias como territorio de futuro. De Gran Canaria a Alemania, Francia o Italia, pasando por restaurantes con estrellas Michelin y títulos como mejor sumiller de Canarias y subcampeón de España, su mirada sobre el vino mezcla disciplina centroeuropea, sentimiento atlántico y una fe firme en el potencial volcánico de las islas.

Desde esa experiencia, y hoy al frente de la sumillería en Palacio Ico, en Teguise, su selección recorre desde los grandes iconos clásicos como Vega Sicilia “Único” o Castillo Ygay hasta vinos de paisaje tan precisos como los canarios, los riesling alemanes o los blancos extremos de Santorini, componiendo un mapa líquido tan personal como exigente.

1. Suertes del Marqués “Vidonia” – DO Valle de La Orotava

@SuertesdelMarques

Agustín

Dentro de la selección de Iván Monreal, Vidonia de Bodegas Suertes del Marqués aparece como uno de los grandes blancos de referencia del vino canario actual. Nace de Listán Blanco procedente de viñedos viejos en cordón trenzado sobre laderas de origen volcánico en el Valle de La Orotava, y se fermenta y cría en barricas de roble francés con trabajo de lías, afinando su carácter salino y su marcada mineralidad.

En la copa se percibe como un blanco tenso y profundo, con notas de fruta blanca y de hueso, matices cítricos y un ligero toque ahumado que remite de forma directa al paisaje atlántico de la zona. Es, en definitiva, un vino de territorio, con estructura, frescura y personalidad, ideal para acompañar cocina de mar: pescados grasos, mariscos y salsas marineras que necesitan un blanco con carácter.

2. Mirador de Adra “Hoya Grande” Baboso Negro 2022 – DO El Hierro (tinto)

@BodegaMiradordeAdra

Iván

Directo, desde la isla de El Hierro, en los viñedos de Hoya Grande, llega este tinto de Bodega El Mirador de Adra elaborado con 100 % Baboso Negro, una de las uvas autóctonas más interesantes del mapa del vino canario. Es un vino de parcela y de territorio: controles de maduración antes de vendimiar, fermentación con levaduras indígenas y una crianza posterior en barricas de roble francés que busca respetar la fruta y el paisaje volcánico más que marcar el vino con madera.

Con sus 14 % vol., se mueve en esa franja en la que la concentración no está reñida con la finura y en la que El Hierro se expresa con acento propio dentro del conjunto de tintos canarios que forman este Top Ten.

A la vista muestra un rojo granate intenso con reflejos violáceos. En nariz aparecen moras maduras, frutos del bosque, notas florales y especias suaves, todo sostenido por un fondo mineral muy marcado por el suelo de ceniza y lava. En boca se percibe un tinto de cuerpo medio-alto, con fruta precisa, tanino fino y una acidez que aporta frescura atlántica y alarga el recorrido, rematando en un final largo, elegante y ligeramente salino. Es una de esas botellas que funcionan de maravilla con carnes rojas poco hechas, cabrito, cochino negro, pequeños guisos de caza y quesos curados canarios, y que al mismo tiempo ayudan a entender por qué El Hierro empieza a sonar cuando se habla del nuevo potencial tinto de los vinos de Canarias.

3. Vega Sicilia “Único” – DO Ribera del Duero (tinto)

@VegaSicilia

En el capítulo de los grandes nombres del vino español, Vega Sicilia “Único” ocupa, en la selección de Iván Monreal, el lugar del mito. No es solo un icono de la DO Ribera del Duero, sino el tinto que durante décadas ha marcado el listón de lo que puede ser un vino de guarda en España: tiempo, paciencia y una manera muy particular de entender la mezcla entre Tinto Fino (Tempranillo) y un toque de Cabernet Sauvignon.

Viñas viejas, rendimientos bajos y una crianza larguísima en distintos recipientes de roble se traducen en un estilo inconfundible, donde el protagonismo no recae en la potencia, sino en la capacidad de evolucionar en botella y seguir ofreciendo matices año tras año.

Es el vino que muchos sumilleres eligen como referencia cuando quieren explicar qué significa, de verdad, la palabra “clásico”.

En la copa suele presentarse con un color granate profundo, ya con ribetes teja en las añadas más evolucionadas. El perfume es lo que lo delata: capas de fruta roja y negra, notas balsámicas, recuerdos de tabaco y cuero fino, especias dulces, tierra húmeda, maderas nobles integradas… un conjunto que no se agota en una sola aproximación.

En boca entra amplio, envolvente, con tanino finísimo, acidez todavía viva y un final larguísimo que va cambiando mientras se oxigena en la copa. Es un vino que pide tiempo, servicio cuidadoso y una mesa a la altura: caza, guisos de larga cocción, piezas nobles a la brasa o simplemente una conversación sin prisa. Dentro del Top Ten de Iván Monreal, “Único” funciona como el gran eje clásico frente al que dialogan el resto de vinos: los canarios volcánicos, los tintos atlánticos y los blancos extremos de otras latitudes.

«Majestuoso, complejo e inagotable. El gran clásico del vino español».

4. Dominio do Bibei “La Cima” – DO Ribeira Sacra (tinto)

@DominiodoBibei

Desde las laderas casi verticales que se asoman al río Bibey, en la parte ourensana de la Ribeira Sacra, llega “La Cima”, el tinto con el que Dominio do Bibei demuestra hasta dónde puede llegar la Mencía cuando se trabaja en clave de paisaje. Viñedo viejo, suelos pobres y clima atlántico de montaña se combinan aquí con vendimia manual en pequeñas cajas, selección rigurosa de racimos y fermentaciones que alternan depósitos y fudres de madera.

La crianza, larga pero medida, utiliza el roble como un simple soporte: acompaña y afina, sin tapar la expresión del viñedo ni cargar el vino de extracción innecesaria. El resultado es un tinto que habla más de pendiente, bruma y granito que de músculo o exceso de madera.

En la copa, “La Cima” se muestra elegante y profundo, con una nariz de fruta roja fresca, violetas, hierbas finas y un trazo mineral casi pedregoso. En boca destaca por su carácter etéreo: tanino delicadísimo, nervio atlántico, frescura constante y una sensación aérea que se alarga sin necesidad de volumen desmedido. Es uno de esos tintos de paisaje que sitúan a la Ribeira Sacra entre las zonas más interesantes de España y que, dentro del Top Ten de Iván, funcionan como contrapunto sutil a la solemnidad de vinos como Único o Castillo Ygay.

Nota de Iván Monreal: «Elegante, profundo y etéreo. Mencía de altísima pureza, con una finura atlántica que la sitúa entre los grandes tintos de España».

5. Castillo Ygay Gran Reserva Especial – DOCa Rioja (tinto)

@MarquesdeMurrieta

Iván

En la selección de Iván, el lugar reservado a Rioja lo ocupa Castillo Ygay Gran Reserva Especial, el gran emblema tinto de Marqués de Murrieta. Procede del pago La Plana, unas 40 hectáreas plantadas en 1950 en la zona más alta de la Finca Ygay, sobre suelos arcillo-calcáreos.

Allí nacen las uvas de Tempranillo (81 %) y Mazuelo (19 %) que, tras una vendimia manual con doble selección, fermentan por separado en acero inoxidable antes de pasar a una larga crianza: 34 meses en barricas de roble americano para el Tempranillo y otros 34 en roble francés para el Mazuelo, seguidos de una estancia adicional en hormigón antes del embotellado.

No es solo un gran reserva más: es la interpretación más ambiciosa de la casa, pensada para envejecer décadas y mantenerse firme en la cima de los tintos de guarda españoles.

En la copa se muestra con un color rubí-granate profundo y brillante. La nariz es amplia y muy compleja: fruta roja y negra (picota, ciruela), hojas de té, cedro, trufa, hierbas mediterráneas, cuero fino, tabaco, especias dulces y ahumados muy elegantes de la crianza.

En boca entra envolvente, con tanino pulido, estructura poderosa y una acidez viva que equilibra el conjunto y alarga el recorrido, dejando un final larguísimo y sereno, pero todavía lleno de energía. Es un vino ideal para grandes piezas de carne, caza, guisos de larga cocción, setas y trufa, y uno de esos tintos que justifican por sí solos abrir una botella y dejar que la conversación gire en torno a ella.

Sassicaia – Bolgheri D.O.C. (Italia)

@TenutaSanguido

Iván

Exprimido en las laderas pedregosas de Bolgheri, a un suspiro del mar Tirreno, Sassicaia es el Cabernet mediterráneo que cambió para siempre la historia del vino italiano. Elaborado con Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc, dibuja un tinto de alma bordelesa pero acento toscano: fruta negra precisa, cassis, tabaco fino, cedro, grafito y hierbas mediterráneas sobre un tanino sedoso y una acidez que le permite envejecer con elegancia durante décadas.

La crianza en barrica de roble francés termina de pulir ese perfil profundo y equilibrado que lo ha convertido en referencia obligada entre los grandes vinos del mundo.

En palabras del sumiller, es “sedoso, armónico y elegante; el supertoscano más influyente de la historia moderna”, una botella que en su Top Ten actúa como bisagra entre los clásicos españoles de guarda y la gran iconografía internacional, demostrando hasta dónde puede llegar un paisaje marítimo y pedregoso cuando se trabaja con paciencia, precisión y una idea muy clara de estilo.

7. Egly-Ouriet “Grand Cru Brut Tradition” – AOC Champagne (espumoso)

@EglyOuriet

Iván

En la parte más gastronómica del listado aparece Egly-Ouriet Grand Cru Brut Tradition, un Champagne de culto nacido en Ambonnay y otros pueblos Grand Cru de la Montagne de Reims. La base del coupage es la Pinot Noir (en torno a dos tercios), completada con Chardonnay y, según la añada, un pequeño porcentaje de Pinot Meunier. Viñedos Grand Cru, rendimientos bajos y una viticultura de bisturí marcan el carácter de este espumoso, que fermenta en depósito y en parte en barrica, con maloláctica parcial y una crianza prolongada sobre lías -a menudo por encima de los 36 meses-.

El dosage es muy contenido, lo que refuerza un perfil seco, serio y abiertamente vinoso, pensado tanto para el aperitivo como para la alta cocina.

En la copa muestra un dorado intenso y una burbuja finísima y persistente. La nariz despliega pera, manzana asada y cítricos maduros, acompañados de brioche, frutos secos y un fondo claramente mineral y calcáreo, marca de su origen. En boca combina ataque seco, textura cremosa por el trabajo de lías, gran tensión y profundidad, con una acidez vibrante que sostiene un final largo y ligeramente goloso.

Es un Champagne Grand Cru ideal para mariscos, pescados grasos, aves, salsas cremosas y platos con fondo de umami -setas, trufa, cocina japonesa con cierta grasa-, y en el Top Ten de Iván representa ese lado de Champagne que se piensa como vino de mesa más que como simple brindis festivo.

8. Schlossgut Diel “Dorsheimer Goldloch” Riesling GG – Nahe (blanco)

@SchlossgutDiel

Iván

Desde la empinada viña de Goldloch, en Dorsheim, este Riesling seco de Schlossgut Diel representa el lado más quirúrgico y preciso del blanco en la selección de Iván. Se trata de un VDP Grosses Gewächs (GG), la categoría equivalente a un Grand Cru alemán, elaborado con 100 % Riesling en la región del Nahe, a partir de un pago de suelos pedregosos y cargados de cuarzo que imprimen tensión y una mineralidad muy marcada.

No es un vino pensado para deslumbrar por volumen, sino para afinar el trazo: cuerpo elegante, acidez alta y una expresión de terruño que pone el foco en la piedra antes que en la madera.

Con unos 12,5 % vol., se mueve en un equilibrio muy medido entre energía, finura y capacidad de guarda.En la copa luce un color pajizo dorado muy limpio y brillante. El perfil aromático juega con fruta amarilla jugosa (melocotón, albaricoque), cítricos finos, notas florales y un fondo de piedra mojada y tiza que refuerza esa sensación de vino mineral casi dibujado a lápiz.

En boca combina tacto sedoso y mucha tensión: acidez viva, matices cítricos y especiados y un final persistente, ligeramente salino y muy refinado, de esos que parecen no acabarse. Es un blanco ideal para pescados delicados, mariscos, tartares y cocina de alta fineza, donde su acidez limpia el paladar plato tras plato.

En este Top Ten, ocupa el lugar del blanco de pureza extrema: un Riesling que habla de luz fría, roca y tiempo en botella, y que dialoga de tú a tú con los vinos volcánicos canarios desde otra latitud, pero con la misma obsesión por el suelo.

9. Hatzidakis “Assyrtiko de Louros” – Santorini PDO (Grecia, blanco)

En la parte más radical del listado aparece Hatzidakis “Assyrtiko de Louros”, uno de esos vinos blancos que se explican casi más por el lugar que por la técnica. Nace en Santorini, isla de suelos volcánicos extremos, muy pobres, castigados por el viento y por una luz casi cegadora, donde la variedad Assyrtiko se ha convertido en emblema absoluto del vino griego contemporáneo.

Viñas viejas, rendimientos muy bajos y un trabajo de bodega respetuoso dan como resultado un blanco seco volcánico de enorme concentración, pensado para envejecer y para mostrar, sin filtros, la dureza y la belleza del paisaje que lo origina.

Por la limitada producción y la rapidez con la que se agotan las añadas, esta referencia se presenta simplemente como Hatzidakis “Assyrtiko de Louros” – Santorini PDO, sin fijar cosecha concreta en la ficha.

En copa suele mostrarse con un amarillo intenso y reflejos dorados, que ya insinúan madurez de fruta y densidad. La nariz combina cítricos maduros, fruta de hueso, notas salinas y ahumados muy finos que recuerdan a piedra volcánica caliente y brisa marina.

En boca manda la estructura: mucha tensión, acidez alta, textura casi glicérica y un final larguísimo donde la salinidad y la mineralidad extrema se convierten en protagonistas. Es un vino que pide platos serios -pescados grasos, cocina marinera contundente, cocina japonesa o mediterránea con fondo umami- y que, dentro del Top Ten de Monreal, funciona como el blanco de paisaje más radical: un espejo griego en el que se miran los grandes vinos volcánicos canarios, pero desde otra latitud y con el mismo culto al suelo.

10. Albert Mann “Grand Cru Hengst” Pinot Noir – Alsace Grand Cru A.O.C. (Francia)

@DomaineAlbert

En el cierre del Top Ten de Iván aparece un tinto que juega en otra liga: el Pinot Noir de Albert Mann procedente del Grand Cru Hengst, uno de los viñedos históricos de Eguisheim y uno de esos pagos donde el suelo manda. Aquí la Pinot se trabaja con rendimientos bajos, selección masal propia y una crianza muy medida en roble francés, más pensada para pulir que para imponer madera.

El resultado es un vino de parcela, seco, de estructura media-alta y acidez viva, que no busca ser un “vino potente”, sino un tinto de raza, afinado en el tiempo y en el detalle.

En nariz despliega fruta roja vibrante -cereza, frambuesa-, ligeras notas de fruta negra, flores (violeta, rosa), especias finas y un fondo terroso y calcáreo que habla claramente del terruño de Hengst. En boca entra preciso, con tanino fino pero presente, mucha energía y un recorrido largo sostenido por la acidez. Es un vino ideal para aves, cocina de otoño, setas y platos con salsas ligeras, donde su finura brilla sin imponerse.

Iván lo describe como, “un Pinot Noir vibrante y sofisticado, que combina precisión borgoñona con energía alsaciana”: la mejor manera de demostrar que también en Alsacia, cuando el viñedo es grande y la mano de bodega es precisa, la Pinot puede ganar profundidad sin perder frescura.

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