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En las Islas Canarias, el vino es mucho más que una bebida: es cultura, paisaje, economía y legado familiar. Sin embargo, 2025 está siendo el año más duro en la historia reciente del sector vitivinícola en todo el archipiélago. Una combinación devastadora de sequías, plagas y restricciones amenaza la viabilidad de numerosas bodegas, con especial gravedad en Lanzarote y Tenerife, y una difícil situación sanitaria en Gran Canaria.

La caída de un bastión: Canarias ya no es territorio inmune

Durante más de siglo y medio, las Islas Canarias fueron el último reducto europeo libre de filoxera. Esa condición excepcional —que permitía cultivar en pie franco y mantener vivas variedades ancestrales— ya es historia. Este verano, se confirmaron los primeros focos de la plaga en viñedos abandonados del Valle de Guerra, en Tenerife, marcando un punto de inflexión para el sector.

Aunque las condiciones volcánicas del suelo podrían dificultar su propagación, la alarma está encendida. La entrada de la filoxera no solo amenaza a las vides: cuestiona décadas de confianza, expone fallos estructurales y obliga a replantear la gestión del territorio, especialmente de aquellos espacios vitícolas dejados a su suerte. La prioridad ya no es solo proteger lo que queda, sino evitar que lo irremplazable se convierta en recuerdo.

Un descenso histórico en la vendimia

El Consejo Regulador de la DOP Islas Canarias adelantaba a inicios del verano una previsión sombría: la producción de uva para vinificación descenderá notablemente esta campaña. A comienzos de septiembre, la realidad confirma el peor pronóstico: el volumen de uva recogida cae en picado respecto a la media de otros años y deja a bodegas y agricultores en vilo por el abastecimiento futuro.

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El “terroir” —la combinación única de factores geográficos y climáticos del lugar donde se cultivan las uvas

La causa principal es la extrema irregularidad de la brotación y un clima adverso: hemos tenido precipitaciones muy inferiores a lo habitual y episodios de calor y vientos que han castigado el desarrollo y la maduración de la uva. El resultado, en palabras de expertos, es “una vendimia difícil, irregular y cara”. Muchos productores han visto duplicados los costes de manejo y recolección debido a la dispersión de la maduración y a la urgencia de salvar lo poco que da la viña este año.

Lanzarote: la menos productiva del siglo

La situación en Lanzarote es paradigmática. El sector afronta la peor campaña del siglo, con menos de la mitad de uva que en 2024. Las causas: escasez histórica de lluvias y una irregularidad total en el desarrollo de los racimos. Las bodegas alertan de que, de seguir esta tendencia, podría verse comprometida la capacidad de cubrir la demanda tanto local como de exportación, piedra angular de su economía vitivinícola.

Tenerife: la intensa labor de prospección y control para frenar la filoxera

Desde la detección del primer caso positivo en julio, la respuesta en Tenerife ha sido rápida y exhaustiva. Hasta principios de septiembre, se han realizado más de 2.500 prospecciones en 28 municipios de la isla, con un porcentaje muy bajo de focos confirmados: 56 en total, lo que representa menos del 3% de áreas analizadas. La mayoría de estos focos están ubicados en la zona de Valle de Guerra (San Cristóbal de La Laguna) y Tacoronte, con solo un pequeño foco en La Matanza de Acentejo.

De estas 56 plantas infestadas, 48 ya han sido tratadas y en gran parte eliminadas. Dos plantas aún permanecen en fincas abandonadas pendientes de autorización para su retirada definitiva. Este esfuerzo ha sido posible gracias a la contratación de ocho técnicos adicionales por parte del Cabildo de Tenerife, que se suman a un equipo de más de 30 especialistas en extensión agraria y sanidad vegetal.

Se ha establecido una comisión técnica que se reúne semanalmente para revisar la evolución de los casos y coordinar las labores de erradicación, además de mantener informado y apoyado al sector vitivinícola.

Las estrategias clave incluyen revisiones minuciosas de hojas para detectar la presencia del insecto, análisis radiculares para confirmar infestación en las raíces (hasta ahora no detectada en la mayoría de los casos) y la delimitación precisa de áreas afectadas. Se han aplicado tratamientos fitosanitarios en suelo y plantas, desinfección de herramientas, prohibición total de movimiento de material vegetal de vid y uva fresca sin autorización, y restricciones severas para limitar la propagación.

El Gobierno y el Cabildo destacan que estas medidas, aunque restrictivas, son imprescindibles para preservar la singularidad y calidad que hacen único el vino tinerfeño y para impedir que la filoxera se convierta en un problema irreversible en la isla y en el resto del archipiélago.

Gran Canaria y las plagas del viñedo

El panorama en Gran Canaria tampoco es halagüeño. Aquí, la cosecha se ve mermada por plagas fúngicas como el oídio, que ha atacado con fuerza algunas zonas emblemáticas. Los agricultores, obligados a una vigilancia y tratamiento intensivos, se enfrentan a la doble amenaza de menor volumen y mayores costes de mantenimiento, poniendo en jaque la sostenibilidad para muchas bodegas medianas y pequeñas.

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La Palma y las “plagas” de la fauna silvestre

En La Palma, la situación añade una dificultad inesperada: la depredación por conejos, pájaros y lagartos, que este año han arrasado buena parte de los viñedos por la falta de otros alimentos naturales. A ello se suman la incertidumbre y el miedo al contagio de filoxera desde Tenerife, que han cortado el tradicional trasiego de uva y material vegetal entre islas.

Tensión y enfrentamiento en el sector

Las duras restricciones impuestas por el Gobierno han provocado tensiones entre productores, cooperativas y entidades reguladoras. Mientras parte del sector respalda las actuaciones para frenar la expansión de la filoxera confiando en que proteger el viñedo es lo primero, otras voces insisten en el daño económico que supone paralizar el comercio de uva e impedir la mezcla varietal habitual de la región. El futuro del viñedo canario dependerá de la capacidad del sector para resistir esta tormenta y adaptarse a un futuro más incierto que nunca.

Un llamamiento a la responsabilidad colectiva

Frente al riesgo real de pérdida de parcelas, variedades y hasta bodegas históricas, todos los actores coinciden en la necesidad de un esfuerzo colectivo: extremar la precaución, cumplir con las recomendaciones técnicas y apostar de nuevo por la singularidad varietal y la máxima calidad. El desafío es enorme, pero el empeño del viticultor canario es aún mayor.

Hoy, la viña canaria se juega su presente y su futuro. El sector pide apoyo social, institucional y de los consumidores para superar este año negro y mantener viva una tradición que es símbolo de la identidad insular y fuente de tantos empleos, cultura y turismo. 2025 quedará marcado como el año más difícil para el vino de Canarias, pero también como el año de la resistencia de todo un pueblo.
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