La viticultura canaria encara 2026 con un punto de inflexión tras la vendimia de 2025, que registró una caída histórica de la producción de uva con Denominación de Origen Protegida (DOP). La cosecha del pasado año se situó en 4,84 millones de kilos, frente a los 6,16 millones de 2024, lo que supone un descenso del 27% en volumen y uno de los mayores retrocesos de la última década.
Más allá de la cifra, el impacto se extiende a la articulación de estrategias agrarias, comerciales y sanitarias en un sector que viene de experimentar dos campañas consecutivas complicadas por el clima y las plagas.

Desde la Consejería de Agricultura del Gobierno de Canarias se subraya que este descenso no es solo un dato estadístico, sino el síntoma de tensiones estructurales que afectan a productores, bodegas y al tejido rural en su conjunto.
El viñedo, más allá de ser el origen del vino, es un motor económico y un custodio del paisaje insular.
¿Qué ha influido en esta caída sostenida?
La botella canaria que hoy figura en las cartas de los restaurantes y en las mesas de nuestras casas es el resultado de una vendimia sometida a una combinación de sequías persistentes, costes crecientes y nuevas amenazas sanitarias. Detrás de cada etiqueta hay menos kilos por hectárea, más incertidumbre en las fincas y decisiones difíciles sobre qué viñedos se salvan, cuáles se reestructuran y cómo sostener la rentabilidad en un contexto que ya no parece coyuntural, sino estructural.

Estrés hídrico que persiste
Las dos últimas campañas agrícolas han transcurrido con precipitaciones por debajo de la media histórica, especialmente en viñedos de secano, lo que la Consejería identifica como el principal factor de la caída productiva.
El estrés hídrico reduce rendimientos por hectárea, altera la maduración de la uva y obliga a los viticultores a incurrir en mayores costes de gestión para salvar parcelas sensibles. En zonas donde el agua siempre fue escasa, la falta de previsibilidad climática empieza a traducirse en decisiones difíciles sobre qué superficie mantener y cuál reestructurar.

Frente a esto, el Ejecutivo regional ha movilizado ayudas extraordinarias por sequía por un importe total de 7,9 millones de euros, de los que unos 3,7 millones se han destinado específicamente a más de 2.000 viticultores, como apoyo directo a quienes sostienen el viñedo en condiciones adversas.
Filoxera: amenaza real, control riguroso
Uno de los episodios que más impacto mediático y técnico generó en 2025 fue la detección de filoxera en Tenerife, un insecto que ataca las raíces de la vid y cuya presencia en el Archipiélago se consideraba ausente hasta ese momento.
Las prospecciones oficiales superaron las 7.700 inspecciones en campo, con un número reducido de focos positivos (menos de un centenar) concentrados geográficamente en torno al foco inicial.
El control ha sido exhaustivo: eliminación de cepas afectadas, tratamientos en las parcelas positivas, refuerzo técnico y financiación de productos fitosanitarios de uso preventivo.



Estas rutinas de control se han acompañado de programas formativos en todas las islas, organizados en coordinación con los consejos reguladores de las DOP y los Cabildos. En plena vendimia, la orden que prohíbe el movimiento de plantas de vid y uva fresca desde la zona afectada hacia otras islas y comarcas vitícolas generó debate en el sector: algunos defendieron la prudencia sanitaria, mientras otros consideraron que ciertas limitaciones eran desproporcionadas para un foco acotado, lo que tensó aún más la campaña.
Tensiones económicas y liquidez
A la presión climática y fitosanitaria se suma un factor financiero no menor: el impago por parte del Estado de 24,9 millones de euros correspondientes al POSEI adicional de las campañas 2022-2024, cantidad que el Gobierno de Canarias reclama como adeudada.
Este incumplimiento se ha percibido en el sector como un agravio en un momento particularmente delicado.
Para evitar que la falta de liquidez estrangule a explotaciones pequeñas y medianas, el Ejecutivo regional ha adelantado 16,4 millones de euros de fondos propios como pagos puente destinados a más de 7.800 agricultores y ganaderos, entre ellos viticultores, mientras se resuelve la transferencia estatal.
Estos adelantos han sido valorados como esenciales por muchas explotaciones, aunque no sustituyen la seguridad de un calendario de pagos estable y cumplido.
¿Cómo repercute en las DOP canarias?
Si bien el dato global del 27% resume la situación del conjunto de las DOP, la variación de producción entre territorios y denominaciones no ha sido homogénea.
En la DOP Islas Canarias – Canary Wine, el descenso fue notable, aunque ligeramente inferior al promedio general: la vendimia 2025 se cerró con algo más de 1,3 millones de kilos y una caída en torno al 18% respecto a campañas anteriores, con especial impacto en viñedos de medianías y zonas más expuestas a la sequía.
Este diferencial entre denominaciones evidencia que las condiciones microclimáticas, el acceso a recursos hídricos y las decisiones de manejo agronómico influyen en distinta medida en la cosecha.
También pone sobre la mesa la necesidad de ajustar estrategias de plantación, riego y relevo generacional en función de cada territorio.
Mercados, calidad y perspectivas para 2026
Con menos uva disponible, uno de los retos inmediatos para bodegas y comercializadores es equilibrar cantidad y calidad. Varias elaboraciones con uva seleccionada, pese a los menores kilos recolectados, mantienen perfiles enológicos competitivos que permiten seguir defendiendo los vinos canarios en concursos y en segmentos de mayor valor añadido.


Por otro lado, el dinamismo del mercado interno, el turismo enogastronómico y la creciente apreciación internacional de los vinos de origen volcánico continúan siendo palancas clave para sostener presencia y reconocimiento. Estas oportunidades, sin embargo, requieren coherencia en la oferta, estabilidad en la logística y claridad en las políticas públicas que sustentan el sector.
Mirada al futuro: adaptación, ciencia y política agraria
La campaña 2025 y sus efectos colaterales han desencadenado una reflexión más amplia sobre la resiliencia del viñedo canario. En ese sentido, se consolida la idea de que la respuesta no puede limitarse a medidas coyunturales, sino que debe incorporar:
- Investigación aplicada sobre patrones resistentes: especialmente en torno a portainjertos más tolerantes frente a plagas y estrés hídrico, sin sacrificar el perfil varietal local.
- Estrategias hídricas a largo plazo: evaluación de infraestructuras de almacenamiento y distribución de agua, manejo de suelo y cubiertas vegetales que optimicen la retención de humedad.
- Políticas agrarias estables y transparentes: mecanismos claros de compensación en caso de medidas fitosanitarias restrictivas, junto con acompañamiento técnico continuo para viticultores.
- Promoción y posicionamiento internacional: reforzar la presencia de los vinos canarios en mercados exteriores y segmentar la comunicación hacia compradores que valoran identidad, terroir y singularidad.
El diagnóstico es claro: la viticultura canaria ya no discute únicamente una campaña irregular, sino cómo transitar hacia un modelo más adaptativo, con herramientas técnicas, respaldo institucional sólido y estrategias de mercado que reconozcan las fortalezas locales sin perder competitividad.


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