Mi artículo de esta semana iba a tratar de otro tema, pero he decidido cambiar de idea. Quiero escribir sobre algo profundamente importante para mí: ser chef profesional y papá al mismo tiempo. Soy padre divorciado y, aunque recientemente me he vuelto a casar, estoy a cargo directo de mi hijo de 11 años. Hasta hace poco también vivían conmigo mis dos hijas menores, de 15 y 17 años, aunque ahora están estudiando fuera y solo vuelven a casa durante las vacaciones. Aun así, me pregunto: ¿ya no necesitan tanto de mí… o tal vez sí?

Un día cualquiera en mi vida es una auténtica locura. Ahora estoy un poco más relajado porque, en este momento, no tengo un restaurante abierto. Sin embargo, sé que esta tranquilidad es temporal. Pronto volveré a la rutina frenética, compaginando mis responsabilidades como padre con la vida profesional de un chef. En ese escenario, tengo que hacer malabares para equilibrar dos mundos: mi hogar y mi trabajo.
Los retos de ser chef y padre
Lo más difícil de esta profesión son las horas. Entre los servicios, la preparación, las compras, reuniones con proveedores, llamadas del gestor o del contable… no queda mucho tiempo libre. Y si los niños no están en el colegio, surge la eterna pregunta: ¿con quién los dejo?
Es una triste realidad que muchos chefs enfrentamos. Nuestros hijos, parejas, familias y amigos nos ven muy poco. Pasan largas temporadas sin nuestra compañía, algo que no es fácil ni para ellos ni para nosotros.

A pesar de todo, me considero un padre lleno de energía, incluso más que muchos padres jóvenes que conozco. Eso sí, ser padre es una labor heroica que exige renuncias constantes: tiempo personal, relaciones de pareja, amistades y hasta necesidades básicas como descansar. Para lograr equilibrar todo esto, es indispensable contar con el apoyo y la comprensión de tu entorno personal y profesional.
Las decisiones que nos definen
Como ejemplo, hace poco tuve que rechazar un viaje de cuatro días a Berlín, algo que me hacía mucha ilusión. Sin embargo, no podía dejar a mi hijo sin la atención adecuada. No encontré a alguien en quien confiar plenamente, y mi responsabilidad como padre es algo que no puedo delegar a la ligera.
Situaciones como esta no son exclusivas del sector gastronómico, pero en nuestra profesión son particularmente frecuentes. Trabajamos los fines de semana, festivos, mañanas, tardes, noches, con turnos interminables. Esto ocurre tanto si eres chef por cuenta ajena como si tienes tu propio restaurante. Aunque ser autónomo te da cierta libertad, también implica afrontar desafíos que otros trabajos no conllevan.
La vida entre fogones
¿Recuerdan la película Deliciosa Martha? Si no la han visto, se la recomiendo. Sin embargo, puedo asegurar que mi vida supera con creces el estrés que se muestra en ese guion. Tener un restaurante propio es extremadamente exigente. La gastronomía es un sector duro, esclavizante y agotador. Cuando el resto del mundo disfruta de su tiempo libre, nosotros trabajamos para atenderles.

Durante mi etapa con un restaurante en Hondarribia, el estrés era tan grande que en el colegio de mis hijos me apodaron “el padre coraje”. Me lo tomé con humor, como si mi vida fuera una comedia al estilo de Cantinflas. Pero, en el fondo, esa frase resumía una realidad intensa y desafiante.
El balance que vale la pena
A pesar de todo, estoy orgulloso de lo que he logrado. Como chef, empresario, autor y, sobre todo, padre, valoro cada esfuerzo. Mi día empieza a las seis de la mañana y termina cuando ya no quedan fuerzas. Aun así, todo queda hecho: trabajo, hogar, hijos y pareja.
Por las noches, después de haber cuidado de mi familia, disfruto de un momento personal. Con una copa de vino y en compañía de mi esposa Roxana, encuentro el famoso “descanso del guerrero”.
Reflexión final
Muchos podrían preguntarse: ¿Por qué no contratas a alguien para ayudarte? La respuesta es sencilla: me gusta ejercer de padre. Quiero que mis hijos crezcan con mi presencia y atención. Para mí, ser papá es como ser chef: ambos roles exigen pasión, dedicación y, sobre todo, amor.
Admiro profundamente a todos los padres y madres que se ven reflejados en esta historia. También quiero expresar mi gratitud a Roxana, mi compañera de vida, cuyo apoyo es invaluable.


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