En un momento en que la viticultura mundial se enfrenta a los efectos del cambio climático y al agotamiento del suelo, el viñedo canario —ese milagro que ha sobrevivido más de cinco siglos sin filoxera— comienza a mirar hacia la ciencia no como amenaza, sino como aliada.
El Campus del Vino de Canarias, junto al Consejo Regulador de la DOP Islas Canarias – Canary Wine, ha dado un paso decisivo con la puesta en marcha de un proyecto experimental sobre la utilización de portainjertos en el viñedo canario, una iniciativa que busca nuevas soluciones técnicas frente a un contexto tan complejo como esperanzador.

El encuentro tuvo lugar en la sede del Consejo Regulador, en La Guancha (Tenerife), y reunió a investigadores, viticultores y técnicos en una jornada que destacó tanto por su nivel científico como por su sentido de urgencia.
Entre los ponentes principales participaron el catedrático José Ramón Lissarrague Gutiérrez, referente internacional en viticultura de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), y Juan Jesús Méndez Siverio, presidente de la DOP Islas Canarias – Canary Wine y de AVIBO (Asociación de Viticultores y Bodegueros de Canarias).
También asistió Judith Fernández, jefa del Servicio de Agricultura del Cabildo de Tenerife, en representación del apoyo institucional al sector.

El viñedo en crisis: el momento dulce del mercado y la amargura del campo
Durante su intervención, Méndez Siverio trazó un retrato honesto de la situación actual:
“Vivimos el momento comercial más dulce de los últimos siglos, pero en el campo atravesamos la mayor crisis que recordamos. En una década hemos perdido un tercio de la superficie de viñedo, y el abandono se acelera”.
Una afirmación que resume el paradigma de la viticultura canaria actual: éxito en las copas y desesperanza en los surcos. Mientras los vinos isleños conquistan mercados y reconocimientos internacionales, los agricultores envejecen, las parcelas se abandonan y la falta de relevo generacional amenaza la continuidad de un legado único en el mundo.
Lejos de la resignación, AVIBO y el Consejo Regulador han trazado una estrategia integral de regeneración que combina tradición, tecnología e inteligencia artificial.
Entre las acciones más destacadas figuran el saneamiento varietal de las cepas autóctonas junto a Cultesa, la implantación del cuaderno de campo digital Kaampo y la creación de la plataforma ECOVITIS, un sistema de IA capaz de predecir plagas y optimizar el riego con un 97 % de precisión.
Todas estas herramientas, de acceso gratuito para los viticultores, forman parte de una política de viticultura regenerativa y sostenible, orientada a garantizar que la herencia vitícola de las islas pueda sobrevivir al cambio climático y al desánimo económico.
El reto científico: adaptar sin sustituir
El nuevo proyecto experimental sobre portainjertos no pretende cambiar la esencia del viñedo canario —una de las pocas regiones del mundo con viñas a pie franco—, sino crear una herramienta complementaria que permita adaptarse a las nuevas condiciones ambientales.
Los portainjertos, empleados en prácticamente todas las regiones vitícolas del planeta, podrían ofrecer soluciones frente a problemas cada vez más acuciantes: sequía, salinidad del suelo, pérdida de vigor y envejecimiento de las plantas.

Bajo la dirección científica de José Ramón Lissarrague, el proyecto analizará diferentes patrones de vid para estudiar su comportamiento en distintos suelos del archipiélago. También contará con la colaboración de técnicos de Madeira, territorio con una historia vitivinícola y genética próxima, que ya acumula décadas de experiencia en el uso de portainjertos sobre variedades comunes a las canarias.
Como subrayó Méndez Siverio:
“No se trata de imponer un modelo ni de sustituir las plantaciones a pie franco, sino de incorporar una herramienta que asegure la sostenibilidad y el futuro de nuestra viticultura”.
Este enfoque, prudente y colaborativo, refleja la voluntad de avanzar sin renunciar a la singularidad genética que convierte a los vinos canarios en patrimonio vivo de la historia vitícola mundial.
Innovación, sostenibilidad y transferencia de conocimiento
El Campus del Vino de Canarias se consolida con este encuentro como una plataforma de transferencia real de conocimiento entre el mundo académico y el viticultor de a pie. No se trata solo de investigar, sino de escuchar, probar, evaluar y compartir resultados de manera abierta.
El proyecto, además, establece un modelo de cooperación interinsular que permitirá replicar experiencias en distintas denominaciones de origen y tipos de suelo, generando una base científica sólida que contribuya al diseño de un modelo de viticultura adaptativa canaria.
El respaldo institucional, tanto del Gobierno de Canarias como de los cabildos insulares, será clave para garantizar la continuidad de estas investigaciones, que marcan un antes y un después en la relación entre ciencia y viña en el archipiélago.
De Cata: cuando la ciencia también se degusta
Aunque el proyecto no se mide en aromas ni en taninos, su impacto final se sentirá en la copa. La salud del viñedo determina la calidad del vino, y los avances en sanidad vegetal, vigor o resiliencia se traducen en vinos más equilibrados, sostenibles y auténticos.
Si los portainjertos logran adaptarse al ecosistema canario sin alterar la personalidad de las cepas locales —Listán Blanco, Negramoll, Baboso, Vijariego, Tintilla o Malvasía volcánica—, podríamos estar ante una nueva etapa de oro para los vinos del archipiélago.
En el fondo, la verdadera cata que se celebra hoy no es de vino, sino de futuro: el de un territorio que quiere seguir brindando al mundo su diversidad enológica sin renunciar a su identidad.


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