Las Palmas acogió ayer el segundo encuentro de El Arte de la Sala, la iniciativa de Ron Matusalem que pone en valor la hospitalidad y el oficio de sala como pilares de la experiencia
El diálogo reunió a referentes del sector para reflexionar sobre el papel de la sala, su evolución y los retos de futuro en torno al talento y la experiencia del
Impulsado por Ron Matusalem, El Arte de la Sala es un proyecto que nace con el objetivo de poner en valor uno de los pilares esenciales de la restauración: el servicio de sala. A través de encuentros en distintas ciudades, la iniciativa genera un espacio de conversación entre profesionales del sector para reflexionar sobre el oficio, el conocimiento y el papel del equipo de sala en el funcionamiento del restaurante.
Tras su paso por Alicante, el proyecto celebró en Las Palmas su segunda cita, reuniendo a algunas de las figuras más relevantes del sector en un entorno especialmente vinculado a la cultura de la hospitalidad.




Celebrado en el Hotel Santa Catalina a Royal Hideaway, la jornada, moderada por Lara Pac directora global de Comunicación de Ron Matusalem, contó con la participación de Raúl Rodríguez, director de sala del histórico restaurante Horcher de Madrid y Premio Nacional de Gastronomía; Israel Ramírez, director del restaurante Saddle, destacado referente de Madrid con una Estrella Michelin y; Pere Monje, propietario y director del icónico restaurante Via Veneto Estrella Michelin ininterrumpidamente desde 1975; y Yoze Torres, CEO global de la Ron Matusalem, organizador del encuentro.
La convocatoria reunió además a casi 100 profesionales destacados de la escena local, con representantes de casas como Aquarela, Casa Brito, el Novillo Precoz o Casa Romántica; así como otros perfiles relevantes del sector en Canarias como Diego Tornel sumiller corporativo de Grupo Lopesan o Rafael Hurtado director de Sala y sumiller de Poemas by Hermanos Padrón.
El Arte de la Sala: una cuestión de consistencia y mirada
Uno de los ejes de la conversación fue la necesidad de entender la sala como una disciplina con identidad propia dentro del restaurante. Los participantes coincidieron en que la excelencia se construye desde la consistencia, la precisión en la ejecución y la capacidad de mantener estándares estables en cada servicio.
En este contexto, Yoze Torres subrayó que la iniciativa nace desde una vocación de mecenazgo, con el objetivo de poner en valor el oficio de sala y reforzar su posicionamiento dentro del sector.
La sala como un oficio vivo







El servicio de sala se definió como un oficio que se desarrolla en tiempo real, donde el profesional no solo ejecuta, sino que interpreta al cliente, organiza el ritmo del servicio y actúa como nexo entre cocina y comensal.
Se puso en valor la capacidad de adaptación, la observación y la toma de decisiones en directo como elementos diferenciales del equipo de sala, apoyados en una estructura sólida y estándares definidos que permiten garantizar la calidad de forma constante.
En palabras de Israel Ramirez, se trata de un “show interactivo de improvisación diaria”, en el que el equipo de sala construye, desde la observación y la sensibilidad, el servicio en cada mesa.
El cliente en el centro: una esencia que permanece
Para Raúl Rodríguez, el arte de la sala parte de una premisa clara: situar siempre al cliente en el centro. Un enfoque que define un servicio consistente, basado en la hospitalidad, la atención y la cercanía, y que evoluciona adaptándose a las nuevas demandas del cliente.
Asimismo, se destacó la importancia de la personalización como herramienta clave para la fidelización, en un contexto donde el comensal es cada vez más exigente e informado.
En paralelo, Pere Monje puso el acento en la dimensión emocional del servicio, recordando que el restaurante forma parte de momentos importantes en la vida de las personas, lo que convierte al equipo de sala en parte activa de esas vivencias.
Un oficio que necesita ser contado
Uno de los principales retos identificados fue la falta de relevo generacional en sala. El sector afronta dificultades para atraer talento joven, lo que refuerza la necesidad de visibilizar el valor real del oficio y su nivel de exigencia.
Los participantes coincidieron en la importancia de reforzar la formación, mejorar la percepción del sector y comunicar de forma más clara sus oportunidades de desarrollo profesional, trasladando una visión más completa y realista del oficio.
Canarias, una cultura de hospitalidad
La elección de Las Palmas este año responde al momento que vive Canarias dentro del panorama gastronómico, con una creciente profesionalización del sector y una cultura de servicio cada vez más consolidada.
Tal y como se destacó durante la jornada, el archipiélago representa un entorno especialmente relevante por su vocación de servicio y su proyección internacional.
Un proyecto para reivindicar la sala
Con esta segunda edición, El Arte de la Sala consolida su recorrido como una iniciativa orientada a generar conversación en torno al papel del servicio dentro de la restauración.
Para Ron Matusalem, con más de 150 años de historia, esta iniciativa forma parte de su compromiso con la cultura de la hospitalidad y con un oficio que, desde la discreción, sigue siendo uno de los grandes pilares de la experiencia.
Sobre Ron Matusalem
El nacimiento de Ron Matusalem @ronmatusalem se remonta a 1872 en Santiago de Cuba. Su nombre rinde homenaje a Matusalem, el patriarca del Antiguo Testamento que, según la tradición, vivió 969 años, símbolo de longevidad y permanencia. Sus fundadores, de origen español, introdujeron el Sistema de Solera, originalmente usado en vinos de Jerez y brandy, para crear un ron suave, elegante y de calidad excepcional, siguiendo la receta secreta de la familia.
Tras más de 150 años, la quinta generación de los Álvarez lidera esta marca icónica, producida en República Dominicana, reconocida mundialmente y presente en más de 70 países. Expertos en la selección y envejecimiento en madera, Ron Matusalem celebra el Arte del Buen Gusto Atemporal.





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