En una mañana templada de enero, en cualquier medianía del Archipiélago, el campo parece guardar silencio. Los almendros apenas insinúan sus primeras flores, la luz cae con suavidad y la isla se deja mirar como si nada estuviera ocurriendo. Pero basta acercarse a una colmena y afinar el oído para descubrir que el paisaje, en …