El Puchero Canario, impresionante movilización de más de 150 colaboradores


Un majado de 47 años de historia y un increíble lebrillo con más de 10 décadas cargadas de sabor.

Por: Sharyn Soriano 

Es fascinante ver que cada rincón de Tenerife tenga tanto que decir; su historia se deja ver a través de sus moradores. Las fiestas de la Florida (La Orotava), un pequeño pueblo al Norte de Tenerife, dejó muy en alto este pasado 17 de enero su celebración.

Después de entrevistar al presidente de la ASOCIACIÓN SAN ANTONIO ABAD; Fermín Sosa, quedó muy claro cuanta emoción y dedicación se le pone a tradicional fiesta que atrae cada año a locales y turistas.

Los ingredientes con más peso e importancia podrían destacarse la energía de cada uno de los que participa, ese amor, calidez e historia que se le imprime a esa preparación que, durante años, se lleva cultivando.

El majado de la Señora Ester Pacheco, quien participa desde hace más de 47 años, ha sabido cuidar la receta de generación tras generación, conservando el patrimonio gastronómico cultural. Ella confiesa todos sus secretos sin miedos, ya que prefiere dar a otras generaciones parte de ese legado para que no se pierda la tradición. Así las generaciones futuras podrán continuar enriqueciendo esta hermosa herencia de la florida.

Otro detalle que deslumbra y diferencia nuestro Puchero de cualquier otro de la geografía española; es su elegante lebrillo (recipiente de barro) de más de 100 años llenos de historia, orgullo de sus habitantes, quienes han cuidado de él, para no solo seguir siendo parte de las fiestas, sino para llevar las condiciones de higiene y salud de estas preparaciones año tras año.

Una organización ciudadana perfecta, sincronizada con el tiempo y como eje principal ‘El Puchero canario’. Su olor a leña se esparcía por encima de la ciudad, un cielo azul cubriendo de bendiciones a estas tierras de contrastes. Más de 150 personas en acción cargados de buena alegría buen ánimo, combinaron tradición, sabor, baile, risas y disfrute con los visitantes de estas festividades. Sin diferencias de origen, color o raza, todos movieron sus cuerpos al ritmo de cantos tradicionales y sus hermosos trajes típicos.

El canario contagia su calidez, está hecho para esto; un anfitrión innato cinco estrellas, ejemplo para los más jóvenes de cómo mantener sus bailes, cantos, sabores, así como sus vinos, ya que esta zona también se caracteriza, tanto por sus vinos tradicionales como por los elaborados bajo la D.O Valle de La Orotava; y nuestros anfitriones no dudaron en regalar por sus calles una muestra de más de 50 Calderos ardiendo.

Un pueblo necesita tener todo lo que esta pequeña comunidad tiene de sobra. Tradición, orgullo y ganas de cuidar los recuerdos heredados por generaciones. Un pueblo que no bendice, pierde su cosecha.

Si no pudiste asistir este año, deberías agendarlo para el próximo porque dejara una huella en tu vida, no precisamente la marca del buey en la suela de tu zapato; será ese sabor a leña que se eleva por el aire, ese sabor a familia si eres un emigrante que visita o vive en el pueblo, será ese calorcito que regala la gente en la puerta de sus casas, esa sonrisa de los niños, ese suspiro cargado de historia y nostalgia que nos recuerda que la vida es muy corta y vale la pena detenerse por un Puchero en la Florida.

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