No suelo defender el ultra regionalismo, eso que quede claro. Creo que la globalización o el llamado “período contemporáneo” acompañado a la cercanía que hoy nos brinda la comunicación que, es más abierta que nunca al mundo; llega cargada de oportunidades para acercarnos a otras culturas, sea cual fuere nuestra competencia profesional y en cuanto a gastronomía se refiere; productos, técnicas y recetas, aportan innovadoras ideas que enriquecen nuestro tradicional acervo, hasta allí ¡hasta lo promuevo! Pero ¿hasta qué punto y sin parecer izquierdista y desde la dimensión ideológica, esta integración puede convertirse (mal entendida) en una tendencia o moda contraria a lo que debe reflejar la gastronomía de una región?… debilitando tradiciones que no deben suprimirse ¡sí mejorarse y actualizarse!, eso está claro.

Todavía está por verse si la polución de los “Fuck Truck” (concepto redenominado como Food Truck para aportar elegancia, pero original de los hippies después de su declive que bien engloba su traducción), se queda, como otros tantos conceptos, en una “moda” que, como en cada época, simplemente pasa porque aburre. Vale, no tengo nada en contra de la propuesta, siempre y cuando lo que venda sea “Canarias” en todo su esplendor. Porque hablamos de calle, hablamos de llegarle a un público en general y veo como una gran “error” que se aúna a esos espacios ‘modernista-callejero’ un concepto ajeno: perritos, hamburguesas, tacos mexicanos… lo cierto es que ya no me importa que los perritos sean de cochino negro, las hamburguesas de cabrito o los tacos regados con tomate canario y queso de cabra ¿es que no hay imaginación dentro de nuestros fogones para transformar en modernidad una carne de fiesta, una ropa vieja, una cabra asada o un buen escaldón en un concepto de calle? Ya para eso están los americanos: crearon una ideología acompañada a una gastronomía reconocible “Hot-Dog” “Hamburger” y su herencia texana (ojo, no cocina mexicana) … Y a esta falta de ideología, le sumamos la poca delicadeza de dar respuesta a futuras generaciones de ¿quién elabora la mejor hamburguesa? Fiel reflejo que ensañamos a nuestros niños a comer y defender conceptos culinarios ajenos.

En una ocasión una cocina me sedujo, y fue muchos años (creo que unos quince) antes de volver a la tierra de mis padres en Canarias: “La Peruana” … en ese momento Gastón Acurio se encontraba en plena “metamorfosis” de entender que esa cocina afrancesada que, aunque gustaba, siempre le dejaba un vacío. El tenía la necesidad de hacer algo por su región y convertir a Perú en una potencia gastronómica; y junto a ello, defender a sus campesinos humildes y llevar sus productos y recetas a recorrer el mundo ¡Y vamos que lo ha logrado!… nunca he visto, leído, ni creído capaces a los cocineros peruanos “consagrados”, presidir un festival de “food trucks” acompañado de perritos y hamburguesas como propuesta principal; pero sí, dignificando y mejorando la imagen callejera de los bien llamados “SalchiPapas” o los mercados populares de cocina tradicional… Volviendo a Acurio y lo que ha dejado en generaciones futuras, cuando le conocí, dentro de sus fogones; se forjaba un chico inquieto que, se deleitaba con cada batalla ganada por hacer valer la tradición gastronómica del Perú (debo reconocer que en ese momento lo desconocía), ¿Su nombre? Virgilio Martínez, hoy día Central Restaurant, Mejor Restaurante de América Latina y el 5º Mejor del Mundo ¡Así se forma una generación de relevo!

Todavía está por verse si se cumplen las predicciones de Eliot acerca de que la humanidad tendría un renacimiento en sus culturas locales y regionales bajo el fuerte influjo de la globalización en un diálogo transcultural y sus efectos en las identidades culturales nacionales.

Queremos… llegar y mostrar los que hacemos, pero siguiendo tendencias y modas, el camino será duro, muy duro.

Nota: Los food trucks que conocemos hoy día, se originaron en Norte América (EEUU) y, en su momento se denominaron “Fuck Truck”, porque englobaba el tipo de cocina que ofrecían (y siguen ofreciendo). Han formado parte de los hábitos alimenticios de los estadounidenses desde finales del siglo XVII. En España el furor se desató a mediados de 2013 y lo hizo con las características de una burbuja gastronómica, “sin orden ni concierto pero con exceso de moderneo e intrusismo”, en palabras de El Comidista.

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